Educadores

Cuando estalla una crisis, las niñas y los niños pierden a sus seres queridos, sus hogares y el acceso a servicios básicos como el agua, la atención médica y los alimentos. Además, pierden la seguridad, la rutina y el acceso a la educación. En estas situaciones, quienes se encargan de la educación (por lo general son de las propias comunidades afectadas) son vitales.

Ayudan a las niñas y los niños a aprender para brindarles un mejor futuro, garantizan que tengan entornos seguros, protegiéndolos de peligros físicos como el abuso, la explotación y el reclutamiento en grupos armados.

Quienes enseñan también ofrecen apoyo psicosocial —especialmente a la niñez y a quienes tienen alguna discapacidad, a las personas desplazadas internas, refugiadas y migrantes—, dándoles estabilidad y estructura para ayudarles a superar el trauma de vivir una crisis humanitaria.

En 2021, casi 110 millones de niños y niñas en situaciones de emergencia accedieron a la educación formal o informal, incluido el aprendizaje temprano.
En 2021, más de 896.900 niños y niñas refugiados/as y de las comunidades de acogida recibieron apoyo para el aprendizaje en línea o en el hogar en 80 países.